
A mediados del siglo XVII tuvo lugar en Tirajana una de las grandes crecidas de su barranco, que era el más caudaloso de Gran Canaria.
Lluvias torrenciales hicieron que su cauce fuera rebosando de banda a banda, incomunicando sus márgenes. Y mientras eso sucedía, se encontraba en Tunte en visita oficial un representante del rey, conocido con el apodo de “El Capotito”. Pasan los días y las aguas no bajan, ni su corriente disminuye y el recio representante comienza a sentirse incomodo por no poderse reintegrar a su hogar. A los veinticinco días intenta vadear el barranco y, para conocer la fuerza de la corriente de sus aguas, manda a un servidor suyo que entre en el barranco con un asno. Obedece el buen hombre, pero apenas entra en el barranco, desaparece el asno entre las aguas, arrastrado por la corriente. Y el pobre “Chapotito”, tuvo que esperar aún más para poder volver a su casa y reintegrarse a su familia.