
Es difícil encontrar en Gran Canaria un pueblo que no tenga junto a su iglesia una plaza o alameda que sirva para el descanso y solaz de sus moradores.
San Bartolomé de Tirajana no es una excepción. Su plaza tiene forma de paralelogramo, lindado por dos de sus lados con la iglesia y el ayuntamiento, y abierta al público por los dos lados restantes. En la Alameda de Tunte han tenido lugar bastantes acontecimientos históricos, que la convierten en un monumento de valor para los tirajaneros. A la entra de la alameda pueden verse dos hermosos ejemplares de pinos canarios que, como fieles centinelas guardan su entrada; pero ya en la salida opuesta de la plaza no se ven aquellos dos leones que en pedestales altos adornaban el recinto y eran parte de su tipismo. En la plazo continua el arbolado y también los álamos. Tiene sus bancos de cantería de Arucas y árboles de hoja caduca; arropados en verano para dar sombra y sin hojas en invierno para permitir la entrada de los rayos solares.