Las Tirajanas

Son pocos los textos que se han escrito sobre la historia de los Tirajana, ese inmenso territorio y de geografía tan diversa que se extiende al sur de la isla de Gran Canaria: territorio que, hasta el siglo XIX, incluía dentro de sus límites el actual municipio de Santa Lucía.

Antes de la conquista de la isla existieron poblados aborígenes asentados en sus límites, esto es, en Tunte, lugar donde aún se conservan restos de estas comunidades. Tras la rendición de canarios se conservo el nombre de Tunte, y pasó a convertirse en la capital de todas las Tirajanas. La ocupación del territorio por parte de los europeos no se produjo de manera inmediata, sino mas bien lentamente. De cualquier forma, las tierras isleñas fueron poco a poco explotadas, se aprovechó su riqueza acuífera y se empezaron a plantar cañaverales. Es incluso muy posible que algunas familias aborígenes permanecieran asentadas en sus límites después de los hechos de armas y conquista de la isla, dedicándose, fundamentalmente, a la principal actividad de la zona: el pastoreo. Los Tirajanas, volvemos a decirlo, inmenso territorio al sur de la isla de Gran Canaria, alberga una multitud de pagos diseminados por playas , medianías y pinares, o, lo que es lo mismo, por llanuras, altos riscos y profundos barrancos. Y ese gran territorio de los Tirajanas, ya en sus principios cristianos, se extendió de mar a cumbre y desde el barranco de Balos al de Arguineguin. Sus linderos eran por el Norte la cumbre y la Vega de Santa Brígida, por el sur, el mar; por el Este, la Episcopal Villa de Agüimes, y por el Oeste, al principio con la Vega de Santa Brígida y, luego, al separarse de Santa Brígida en 1677, con Tejeda; y, por último, con Mogán, en la segunda década del siglo XIX. Un cronista escribe el 23 de Octubre de 1802: “Su extensión es mas de dos terceras partes a la mayor extensión de cualquier otro territorio de la isla; se compone de cuarenta pagos, fundados la mitad de ellos en medio del pinar y donde quiera que apareció un chorro de agua. Sus caminos son los más quebradizos y desiertos que puedan imaginarse y parte de ellos es preciso pasarlos a pie. Los calores y los fríos son excesivos. Los Tirajanas son el pueblo menos instruido por lo remoto de su situación, y donde se cometen los excesos mas criminales, que son notorios por sentencias y castigos de la Real Audiencia, procedente quizás de la falta de instrucción.” Es difícil comprobar la veracidad de estas afirmaciones.
 
 
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